miércoles, 1 de julio de 2015

¡Charlotte, Charlotte!

[Antes de comenzar con el texto quería pedir disculpas por el mes de ausencia. Entre exámenes, traslados y reparaciones del ordenador me ha resultado imposible actualizar el blog. Sin embargo, a modo de compensación el texto esta vez va a ser bastante más amplio. De hecho, enfrascada en la escritura de esta historia he llegado a la conclusión de que, por la extensión que va a tener, ocupará más de una entrada. Así, aunque el final no vaya a ser inminente como en el resto de historias, quizá os encontréis con un final que os satisfaga en lugar de uno tan abrupto o tan abierto. Espero que os guste la historia. Muchas gracias por dedicar vuestro tiempo a la lectura de mis textos. ¡Un abrazo!]


Había pasado años postrado en aquella silla, con la mirada perdida y sin mediar palabra. Las enfermeras lo dejaban cada día observando el jardín desde la ventana. Aunque tenía los ojos siempre abiertos, no aparentaba percibir lo que sucedía a su alrededor. Y, efectivamente, así era, hacía mucho tiempo que se había enfrascado en sus propios recuerdos, reviviéndolos una y otra vez en su mente. Mientras los días pasaban para el resto, él retrocedía en el tiempo. Cada día perdía más recuerdos. Un día una enfermera se acercó a él y cariñosamente le informó de que iba a llevarle a su habitación para que descansara. El anciano la miró, algo en ella le resultaba reconocible. Murmuró un nombre que ella no llegó a comprender, pero que en el transcurso al habitáculo del hombre el delirio de este comenzó a crecer. «¡Charlotte, Charlotte! ¿A dónde me llevas, Charlotte?» gritaba. Ella, que no conocía a ninguna Charlotte y no sabía a quién llamaba este, le decía que se llamaba Sara, no Charlotte, que era su enfermera y que lo llevaba a su cuarto para que durmiera.  «No, no. ¡Mientes! Eres Charlotte. ¿Charlotte, por qué me haces sufrir así? ¿Por qué niegas ser quien eres? ¿Es otro de tus juegos? ¡Respóndeme!» el hombre gritaba cada vez más, sumido en un estado de absoluta abstracción, y empezaba a violentarse. Sara, ayudada por un celador, logró llegar hasta la habitación y meterlo en la cama, pero él continuaba con sus súplicas, implorando a Charlotte que no le engañara, que no se marchara, que se quedase allí con él.
Sara salió de la habitación asustada por la reacción que había ejercido su presencia sobre aquel señor, pero también con una repentina curiosidad que le hacía querer saber más acerca de aquella misteriosa Charlotte. Lo primero que hizo fue ir a ver la ficha en la que figuraban todos los datos personales del paciente, pero allí no aparecía ese nombre. Después, llamó a la única hija que el señor Coetlles, pues así se llamaba, tenía, y para la sorpresa de la enfermera la señorita Coetlles tampoco tenía ninguna idea acerca de quién era o había sido Charlotte y de qué significaba para su padre. Los siguientes días, para evitar otro altercado, Sara intercambió el turno con una compañera, pero el nombre de aquella mujer invadía cada rincón de su mente y sentía la necesidad de saber más.
Había pasado casi una semana cuando volvió a intercambiar el turno con su compañera y  a encontrarse con el anciano. Él, como todos los días, estaba junto a la ventana mirando sin mirar. Sin embargo, cuando Sara se estaba acercando, él pareció sentir su presencia y se giró hacia ella clamando «¡Charlotte! ¡Oh, Charlotte! Creí que te habías vuelto a marchar. Por favor, Charlotte, quédate esta vez, no me dejes». El hombre pronunciaba el nombre continuamente, como si de esa forma fuese a convencer a su fantasía de que le hiciera caso. Sara se sentó a su lado y, cogiéndole de la mano, le preguntó quién era aquella misteriosa mujer. Él, completamente seguro de su respuesta, afirmó que era ella. La enfermera, ansiosa por saber quién se ocultaba tras ese nombre y porqué él se había empecinado en que ella era la mujer a la que llamaba, le respondió que claro que era ella, pero que para asegurarse de que era él después de tanto tiempo quería que él le contase la historia que tenían en común.


-          ¿No te acuerdas? – dijo con tono triste – Ay, yo te amaba Charlotte, pero tú te marchaste. ¿Por qué te fuiste? – Sara no respondió, esperaba que Coetlles continuase – Me enamoré de ti en el primer instante que te vi. Eras tan guapa... ¡la belleza personificada! Me pregunté cómo estarías, si estabas tan guapa con ese uniforme grisáceo que a nadie podía favorecer, con cualquier otra vestimenta. ¡Debías ser una diosa! Y no me equivoqué Charlotte, eras una diosa… o quizá todas juntas. Eras más inteligente que Atenea, más bella y deseable que la misma Afrodita, lo supe antes incluso de poder entablar una conversación contigo.
Tú atendías las mesas de una zona, pero la mía no estaba entre ellas. Me sentí tan desgraciado… ¡Ay! No sabes cuánto, Charlotte. Los siguientes días seguí yendo a la cafetería, comprobando si siempre trabajabas en la misma zona o la alternabas y tratando de reunir el valor para sentarme en una mesa que tú atendieras. No sabía qué decirte. ¿Qué decirle a una diosa? ¿Qué decirle a la más viva imagen de un ángel caído del cielo? ¡Oh! Deseaba con toda mi alma hablarte, pero no podía utilizar una frase típica, tú no eras una mujer típica. Tras un par de semanas acudiendo a tu lugar de trabajo diariamente para poder admirar tu belleza, me topé con la sorpresa de que la otra camarera había enfermado y tú debías cubrir las dos zonas. Debió de ser uno de esos juegos del destino, pues tú te acercaste a mí y con una sonrisa burlona me dijiste: «Sé que siempre viene aquí para que le atienda Margarita, pero lamentablemente hoy se va a tener que conformar conmigo». Yo no era capaz de pronunciar palabra. ¡Ay, Charlotte! No solo eras perfecta en la lejanía, sino que de cerca eras aún más hermosa, tu reluciente sonrisa me había cautivado. Me preguntaste si estaba bien y yo, tratando de encontrar algo que decir, simplemente contesté que quería un café solo. ¡Qué estúpido fui! Debiste creer que tu tono familiar me había contrariado, pero no, en realidad llamó más mi atención. Debes entender Charlotte que con mis jóvenes veinte años no sabía muy bien cómo tratar a una respetable dama como tú. No te parecías en lo más mínimo a todas aquellas muchachas con las que había tenido encuentros casuales mientras realizaba el servicio militar. Cuando volviste con mi café y con una disculpa por haber sido tan cercana, no pude evitar reírme. Me miraste atónita, con esos maravillosos ojos verdes que recordaban a las grandes praderas de mi lugar de origen, y yo te invité a que te sentaras. Dudaste, supongo que tanto por la invitación de este desconocido con actitud de loco como por la posible reprimenda de tu jefe si te veía sentada en lugar de atendiendo las mesas, pero yo insistí y accediste. Recuerdo aún las palabras que te dije porque necesité más valor para pronunciarlas del que he necesitado el resto de mi vida «Lo siento. No pretendía ser descortés. En realidad, señorita, vengo cada día y me siento en esta mesa para verla a usted, no para que me atienda Margarita. Llevaba tiempo tratando de reunir el valor para decirle que es usted la mujer más bella que he visto en toda mi vida y que me encantaría, si no le resulta demasiado atrevido, invitarla a… un café seguro que no, porque usted debe de estar harta de ese olor trabajando aquí, pero… ¿quizá a cenar?». Tú seguías mirándome con perplejidad y antes de que pudieras darme una respuesta tu jefe te llamó para regañarte. Te levantaste y me respondiste un único «Lo lamento. Me encantaría, pero no puedo». ¡Qué dolor tan grande me provocaste, Charlotte! Apenas te había escuchado pronunciar dos frases y ya sabía que estaría locamente enamorado de ti el resto de mi vida. Cuando volviste a traerme la cuenta, para mi sorpresa, trajiste también un papel doblado que la acompañaba. Al abrirlo y ver que me indicabas un lugar y una hora, fui yo quien quedó estupefacto. 

8 comentarios:

  1. Muy buen texto! Muy bien narrado!! La historia crea intriga!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Ester! Pronto estará la contiuación ;)

      Eliminar
  2. Me gustó mucho! tenes un modo de escribir muy atrapante!! ♥
    Un beso grande!!

    S.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Samantha. Siempre gusta leer comentarios como el tuyo. Espero que la historia de Charlotte y el señor Coetlles te haya gustado y sigas leyéndola.
      Un beso!

      Eliminar
  3. Bien ..!!! poco vale mi concepto, pero gustó y mucho, me llevó sin pensarlo a una intriga que ni imaginé cuando lo comencé a leer.

    Mas ...

    Beso

    Juan

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Juan,
      Muchas gracias por tu comentario. Si mantienes la intriga en un par de días publicaré la continuación. De hecho abriré una sección propia en el blog dedicada a la historia de ¡Charlotte, Charlotte!
      Un beso

      Eliminar
  4. Hola Jessica,

    Espero que haya continuación... no nos puedes dejar con la intriga... ;-)

    Laura

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Laura,
      Sí que va a haber una continuación. De hecho, va a haber cuatro o cinco por lo menos, porque va a tener bastante extensión y cada dos o tres páginas de word serán una entrada. Ya estoy preparando la próxima.
      ¡Un saludo!

      Eliminar