sábado, 16 de mayo de 2015

La más temprana inspiración.

       Llegó a la cafetería y se sentó en una mesa que miraba directamente a la puerta, así él la vería en cuanto apareciera. De camino a la cafetería las dudas sobre aquel acuerdo la habían invadido y pensó muy seriamente en dar la vuelta sobre sus pasos y regresar al hotel. Hacía años que no pisaba aquella ciudad, los mismos que habían pasado desde su último encuentro. Él llegaba tarde y ella pensó que había cosas que nunca cambiaban, o quizá ella llegase temprano, el cambio horario la confundía. 
    Cuando la camarera se le acercó, Ariadna pidió un café y sacó el teléfono de su bolso. Tras comprobar que no tuviera ninguna llamada o mensaje y que el móvil no estuviese silenciado, lo dejó encima de la mesa y sacó un libro. Desde que la era de la tecnología había llegado, Ariadna reivindicaba su oposición a estas, de hecho su teléfono era el aparato más básico que pudiera hallarse en el mercado. Mientras se adentraba en los mundos de Verne, él entró y se sentó en la silla que estaba frente a ella. "Hay cosas que nunca cambian" dijo sacándola de su lectura. 
     Ahí estaba. Después de al menos quince años las canas habían comenzado a aparecer en su pelo y las arrugas empezaban a reflejarse en su cara. Por alguna razón, Ariadna siempre había creído que el tiempo pasaría para todos menos para Jorge. Ya no eran aquellos jóvenes que habían emprendido una aventura marchándose de España a Buenos Aires. 
     Ella aún recordaba esos días en los que sus sueños les habían llevado a cruzar el Atlántico y se habían instalado en un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad con la expectativa de ser grandes artistas, él anhelaba ser pintor y ella escultora. Al cabo de un año, múltiples rechazos, trabajos mal pagados y muchas discusiones, la pareja terminó por fracturarse y Ariadna decidió volver a España. 
      En aquellos años, Jorge había logrado el éxito, había llegado a hacerse un nombre en el mundo de la pintura y las únicas noticias que Ariadna había recibido de él habían sido a través de periódicos y revistas. Por este motivo, le extrañó enormemente que él la llamara dos semanas antes y le pidiera que fuera a Buenos Aires. Ella, guiada por su instinto, no dudó en coger el primer vuelo hasta allí.
- Supongo que te preguntarás la razón por la que te he llamado después de tantos años sin tener contacto - Ariadna asintió y él prosigió -. Verás, hace poco me han dado una noticia que me ha hecho mirar atrás y replantearme todo lo que he hecho. Conseguí llegar a ser quien quería ser, sí. ¿Pero a qué precio? Renuncié a lo que más me importaba para llegar hasta aquí, más bien lo perdí en el camino. 
- ¿De qué estás hablando? - interrumpió ella.
- Hace tiempo que no pinto, Ariadna. Desde que recibí la noticia. Ya nada me estimula, por eso te llamé. 
- ¿Qué tengo que ver yo con esto, Jorge?
- Quiero pintarte. Quiero que seas mi última creación. Creo que debo pintar lo que más me ha importado en la vida, antes de que llegue la hora.
- ¿De qué estás hablando? - preguntó de nuevo completamente conmocionada. 
- Me muero. Supongo que esta no es la mejor manera de decírtelo, pero no sabía cómo hacerlo. Me queda poco. Hace meses que me lo dijeron y noto como mi cuerpo va degradándose rápidamente. Ya no pinto, desde que me lo dijeron no puedo. Solo puedo pensar en cómo acabé con nosotros y en cómo disfrutaba pintándote años atrás. Por eso, tras mucho meditarlo, decidí llamarte. Necesito a mi más temprana inspiración para ser capaz de realizar mi obra maestra, un retrato de ti en tu más sencilla belleza. 
     Ariadna no daba crédito a las palabras que oía. No comprendía cómo era posible que, cuando sabía que iba a morir, a Jorge solo le preocupase pintar una última obra. Los aires de grandeza siempre lo habían acompañado, siempre había antepuesto la pintura a todo, incluso a ella, pero no creía que llegase hasta ese punto. Sin embargo, por el amor que aún le profesaba, no fue capaz de decirle que no. Lo que les había separado durante quince años, los uniría más que nunca en sus últimos días. 

9 comentarios:

  1. Azarie, eres mala. Nos dejas con la intriga. Yo quiero leer una continuación D: ¡No nos dejes así!

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    1. Igual hasta la escribo, pero... ¿estás segura de que quieres un final?

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  2. El final, en mi opinión, (hablo del formal, el que ha quedado negro sobre blanco) es el correcto.

    Me ha gustado mucho el argumento, y la pluma es excelente.

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    1. Muchas gracias, Joan. Me alegro de que te gustase :)

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  3. Hola! No sabía de tu blog hasta que me mandaste el privado en twitter jejeje.
    Me ha encantado la historia!!

    Un beso, nos leemos!!

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  4. Muy bueno, me gusta mucho tu narrativa, clara y ordenada. Un gran trabajo, gracias por compartirlo. Un abrazo y feliz día.

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    1. Muchas gracias a ti, aunque con retraso, por tu comentario. Para mí es todo un placer leer cosas así sobre lo que escribo. Un abrazo!

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  5. Me ha gustado mucho tiene un aire de dramatismo y destino muy del romanticismo.
    Walkingtopennylane . blogspot. Com.es

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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